viernes, 1 de julio de 2016

Vivir sin cabeza.


La cabeza es una de las partes del ser humano más importantes y significativas. Mejor diremos que es esencial. Pues ¿qué es un individuo sin cabeza? Pero siendo esto así, encontramos numerosas referencias sobre la testuz humana con sentidos que invitan a la reflexión. Tan dados como somos los seres humanos a categorizar y disgregar, hemos hecho dos de la unidad humana: cabeza y cuerpo. La primera, sede del cartesiano pensar y existir, corresponde al sistema senso-intelectual. Es decir, a los sentidos y a la función cognitiva junto con el sentido de yoidad. El cuerpo, a su vez, se ha convertido a lo largo de la historia en objeto intrincado de la moral judeocristiana, y en los últimos tiempos ha devenido en contenido omnipresente del mercado publicitario. Cuerpo y cabeza son, asimismo, compartimentados en campos diferenciados por la medicina mental y la del cuerpo. Cuando decimos coloquialmente que alguien "ha perdido la cabeza", le atribuimos el sentido de que no está en su sano juicio, añadiéndole, además, un sentido social por el que consideramos que se ha deslizado del mundo de la llamada normalidad. Un hecho que hace que se ponga en marcha todo un conjunto de mecanismos: agentes sanitarios, fármacos y artefactos, que tienen como finalidad la recuperación de la salud mental o el regreso del individuo a lo que se considera la realidad normada. La cabeza, lugar en el que situamos la mente, es decir, el pensamiento, la memoria, la emoción y la razón, es el epicentro de la identidad individual, pues cómo reconocer si no al otro a no ser a través de esa parte de la cabeza que es el rostro. Ese significante o forma física que nos dota del significado constituyendo un medio para acercarnos e interaccionar con el enigmático mundo humano. Pero hay veces que tal identidad empírica nos puede colocar en una encrucijada sin respuesta. Tal es el caso del relato hindú, recogido, a su vez, por T. Mann en la Montaña mágica. En aquel se narra la visita de agradecimiento y devoción de dos hermanos y la pareja de uno de ellos a Kali. El resultado es la autodecapitación de los dos hermanos como ofrenda amorosa ante la divinidad venerada. La petición de la mujer de otorgarles de nuevo la vida a ambos es atendida por la diosa. Pero cuando aquella se apresura a colocar las cabezas en los respectivos cuerpos, se confunde intercambiándolas, y coloca la cabeza del esposo al cuñado y viceversa. Nos podemos preguntar quién es quién sin llegar nunca a una respuesta cerrada, pues ambos, de un modo u otro se comparten entre si. De la misma manera tampoco resulta fácil elección cuando una criatura humana ha nacido con dos cabezas y debe decidir cuál de ellas dos eliminar, pues en el fondo siempre hay algo o alguien a quien sacrificar en favor del otro. La cabeza ejerce una fuerza irresistible. Icono de la inteligencia y la identidad, se valora como el continente de la percepción más alta de la existencia que actualmente posee el ser humano sobre el resto de los seres vivos. Esto lo ilustra el uso del cráneo de un pianista judío-polaco en la representación teatral, quien quiso que una vez muerto, el suyo fuera utilizado para tal fin. Así se hizo en varias ocasiones representando la obra de "Hamlet". Pero finalmente se desistió de tal curioso uso, pues el actor no podía dejar de pensar en el dueño del cráneo. Hemos dotado a la cabeza, en definitiva de un valor superior al cuerpo. Sin embargo, nos servimos del título del libro "Vivir sin cabeza" de D. Harding, para señalar la posibilidad de adentrarse en una percepción connatural, más amplia. Y la primera frontera que nos encontramos para llegar a una cognición más abierta, son dos formas habituales de percepción. Partícipes de una forma de conocer automatizada, que impiden ir más allá de los límites que marcan, hablamos de las creencias y los hábitos. Dos formas de cognición que conforman una parte sustancial de la que se nutre la psique humana. Una creencia es un patrón mental, una ficción retroactiva inventada por alguien en el trascurso de la historia. Ciertamente una creencia satisface en tanto te protege de la ausencia del significado, de la intemperie de la desnuda nada. A cambio, más allá del ámbito racional, uno se entrega a la creencia con todas sus consecuencias. Hay veces que las creencias se estructuran como doctrinas, tradiciones... Lo cierto es que llegamos a tal arraigo que uno acaba siendo uno con ellas. En realidad uno puede quedar atrapado por ellas, de tal manera que se convierte en certidumbre e incluso en dogma. Y así nos encontramos que el individuo acaba autodefiniéndose en base a ellas, y se es católico, ateo, de derechas, izquierdas... El hábito, a su vez, impide el asombro ante la belleza. Y uno entonces no se extraña ni sorprende de nada y ante nada, pues las reacciones y los acontecimientos vividos se conforman mediante la costumbre de aquel. El hábito elabora un tipo de realidad donde la frescura del momento se pierde. Producto del distraído estar o hacer ante lo que acontece, es movimiento de ensoñación repetitivo. Intervalo rutinario, constructor de realidad cercada y finita. El hábito es una superposición, un añadido que reitera algo que aconteció y que ha sido suplido por el automatismo y la memoria, junto con la muerte de la viveza de ese momento presencial. Intentamos crear un mundo nuevo, pero su fabricación es seriada debido a los aprendizajes desgastados de la repetición. Desacostumbrados como estamos al silencio mental, y anegados por el martilleo del pensamiento, este se puede convertir en una obsesión. Y el acto repetitivo en un hábito. Entonces es cuando, a menudo, la cabeza se convierte en sede del sufrimiento (inquietud, preocupación, disociación, alucinaciones...). Y quien así se ve afectado desea que esta cese, esto es, que desaparezcan esas producciones suyas. Desea descansar su cabeza. ¿Es por esa razón que Joannes de Bargota separaba su cabeza del cuerpo cuando se acostaba para dormir? Educados para conformarnos en un haz de hábitos de conducta, nos constituimos de esta manera en seres más predecibles y por lo tanto más controlables. Cuando el hábito te habita, te arrastra realmente y tu relación con el mundo deja de ser novedosa, pues únicamente puedes oír mediante el cedazo de tus pensamientos cuando escuchas, ver al otro a través de tu imagen mediatizada o tocar lo que fantaseas y no la textura de las cosas. Sin embargo, nos podemos plantear ir más allá de esas fronteras a fin de encontrarse, entonces, en un universo diferente. Nos referimos a dejar de sobredimensionar la identidad individual, la potestad del pensamiento, del hábito y la creencia, para dar paso a otras formas de percepción. Salirse de la cabeza, es decir, traspasar el límite instintivo y los límites de lo racional, e ir más allá de ese término final del sujeto pensante. El medio para ello que proponemos consiste en servirnos de la intuición. Esta facultad humana y, por consiguiente, accesible a todos (si bien en distinta medida como ocurre con el resto de las facultades), permanece en estado latente, silenciosa por silenciada, en la mayoría de las gentes de nuestra cultura. La razón es simple ya que hasta hace poco se la ha minusvalorado y ha sido considerada, erróneamente, como una cualidad femenina. Pues cualquier individuo puede abrirse a esta forma de conocimiento, y tener acceso al umbral que anuncia la ruptura de la percepción limitada del yo. Allí en donde ni el tiempo psicológico ni su durabilidad se reanudan. En un no-lugar en el que surge, fuera de lo consensuado, la certeza del saber. La intuición despojada de la memoria y del porvenir, no pertenece a la búsqueda voluntariosa ni al inestable universo de los deseos. Más bien implica un permitirse, una apertura a la expresión certera de algo. Es un movimiento de encuentro y fusión, el aliento de una inspiración no-personal. Un impulso resuelto que luego tomará la forma de reacción o decisión. Como el suave galope de caballos en el mar que se torna en nuevo canto. Así, la intuición encarna la belleza de una cognición no manipulada. (Aitxus Iñarra.) Doctora en Filosofía y Ciencias de la Educación Profesora de la Universidad del País Vasco /Euskal Herriko Unibertsitatea

jueves, 30 de junio de 2016

Mensaje. (2)


Cuando Sidharta entrega la flor a Kasyapa, surge la leyenda y la metáfora del llamado “mensaje secreto” de la escuela Zen que expresa en un corto poema de cuatro líneas lo siguiente: Es una transmisión especial aparte de las enseñanzas que no depende de palabras y letras que señala directamente a la mente-corazón y que ve en la naturaleza original, y vivencia así, el despertar.

Mensaje (1)


Un largo tiempo atrás, hace más o menos 2600 años, cerca de la frontera con Nepal, una persona llamada Siddhartha simplemente levanto una flor delante de la asamblea. Ellos esperaban sus palabras, y así todos quedaron en silencio profundo. Menos uno de ellos, quien sonrió ampliamente. Allí, en esa experiencia de ese levantar la flor y esa amplia sonrisa en expresión y comunicación íntima, surge lo que hoy llamamos "el Zen". Siddhartha frente a esa respuesta dice: "te entrego la esencia de mi realización, visión y enseñanza".

miércoles, 29 de junio de 2016

Aprender a escuchar.


Bueno sería además de aprender a hablar en varios idiomas, aprender a escuchar por lo menos en uno.

domingo, 26 de junio de 2016

Mente de principiante.


A la mente de principiante se le presentan muchas posibilidades; a las del experto, pocas. (Shunryu Suzuky) -Mente Zen- mente de principiante- (encuentralo en mente zen pdf)

jueves, 23 de junio de 2016

Bhakti Yoga


El Bhakti Yoga es una de las seis mayores ramas del yoga, representando el sendero del amor o la devoción completa al Ser divino. Bhakti es la naturaleza constitucional de la entidad viviente y por lo tanto es fácil de desarrollar. Toda entidad viviente tiene la semilla del bhakti. Uno debe desempeñar el papel de un jardinero para desarrollar esta semilla y que germine. Cuando la semilla del bhakti germina, el jardinero debe limpiar la tierra, despejando el sendero de cosas extrañas para un mejor recorrido.

miércoles, 22 de junio de 2016

Quedarse en silencio.

Quedarse en silencio consigo mismo es una de las cosas más difíciles, la inquietud mental es un obstáculo increíblemente duro y persistente. Los pensamientos circulares, los pensamientos obsesivos, los temores, las preocupaciones, el aburrimiento, el sueño, los anhelos, la culpa, la pena, el deseo, el cansancio, el dolor, todo absolutamente todo está ahí. Por supuesto, para barrer la casa hay que sacar la escoba, no es suficiente con desear que esté limpia, hay que trabajar. Ahí es donde comienza el ejercicio cotidiano, maravillosamente rutinario de tomar conciencia y sentarnos, no esperando nada ni siquiera el silencio.

viernes, 10 de junio de 2016

El camino del medio


Uno de los fundamentos budistas habla del Camino del medio: no irse a los extremos. Ni búsqueda excesiva de satisfacción por un lado, ni mortificación innecesaria por el otro. Este camino es un camino de sabiduría y de atención plena y que podemos entrenar con la meditación, con la respiración y también con la práctica física. Para tener en cuenta en todos los aspectos de la vida. Namaste.

jueves, 9 de junio de 2016

Encuentro de YOGA


En nuestro último encuentro de YOGA (miércoles 8 de junio de 2016), compartimos un trabajo energético involucrando a los a los Siete Chakras principales del cuerpo sutil. Trabajamos visualización y respiración consciente, hicimos posturas con la conciencia en el chakra que estábamos visualizando y entonamos el mantra que le corresponde a cada uno. El trabajo fue puramente con el énfasis de comenzar a desarrollar una escucha consciente del cuerpo, solo eso. Namaste

Reinicio de clases de YOGA


El miércoles 01 de junio de 2016, reiniciamos las clases de YOGA. Desarrollamos una clase con la intensión de reencontrarnos con las sensaciones del cuerpo. Siempre sucede, muy a nuestro pesar, que en los períodos de receso dejamos de lado algunas saludables rutinas, entonces cuando nos reencontramos es necesario reconectárnos y así fue. Trabajamos desde la toma de conciencia inicial hasta la relajación final poniendo énfasis en la escucha del cuerpo.
Namaste.

lunes, 6 de junio de 2016

Meditacion Zen

Sientate comodamente y en silencio. En este punto no te preocupes por la posición de tus manos. Cierra los ojos, solo por ahora para que sea mas productivo tu intento. Inhala profundamente, luego exhala y enfócate en la respiración. Continua haciendo esto por dos minutos, si solo dos minutos son suficiente, para que tu cuerpo y tu mente estén ocupados haciendo los ajustes necesarios. Ahora estas preparado/a con este corto ejercicio al que puedes volver cuando quieras. Agregarle más minutos y recuerda que la única meditación mal hecha es la que no se hace. Namaste.

El yoga


El yoga no trata de la forma de tu cuerpo, el yoga se vive y solo importa quien eres aqui y ahora. Namaste.

Mirate en el otro


Intenta tener solo amor en tu corazon para otros. Cuanto mas ves bien en ellos, mas bien estableces para ti mismo. Namaste

martes, 1 de diciembre de 2015

El Bhagavad Gita


Concentra tu mente en tu trabajo, pero nunca permitas que tu corazón se apegue a los resultados. Nunca trabajes por amor a la recompensa, y realiza tu trabajo con constancia y regularidad. Realiza tu trabajo en la paz del Yoga, lejos de todo deseo egoísta; desapegado del éxito, tanto como del fracaso. La paz del Yoga es estable y permanente, pues trae equilibrio a tu mente. Namaste.

Bhagavad Gita


En la lectura de las diversas escrituras sagradas de todos los tiempos y procedencias, podemos encontrar numerosos relatos que ilustran la necesidad e importancia para el discípulo del satsang -etimológicamente: compañía de la Verdad. Sat = Verdad; Sang = compañía- y servicio, como vía preparatoria para la iniciación en la meditación, completando así la senda tripartita de Satsang, Servicio y Meditación (sadhanas), que constituye el camino para la realización del Conocimiento: la unión con Dios. Namaste

Krishna dice en el Bhagavad Gita, 4-7


“Siempre que el bien decae extinguiéndose poco a poco, predominando en su lugar la maldad y el orgullo, Mi Espíritu se manifiesta en forma humana sobre esta tierra.” Namaste.

martes, 25 de agosto de 2015

DESHACIENDO EQUÍVOCOS


Si usted quiere milagros, no busque el Budismo. El supremo milagro para el Budismo es que usted lave su plato después de comer. Si usted quiere curar su cuerpo físico, no busque el Budismo. El Budismo solo cura los males de su mente: ignorancia, cólera y deseos desenfrenados. Si usted quiere encontrar empleo, o mejorar su situación financiera, no busque el Budismo. Usted se decepcionará, pues él le va a hablar sobre desapego en relación a los bienes materiales. No confunda, sin embargo, desapego con renuncia. Si usted quiere poderes sobrenaturales, no busque el Budismo. Para el Budismo, el mayor poder sobrenatural, es el triunfo sobre el egoísmo. Si usted quiere triunfar sobre sus enemigos, no busque el Budismo. Para el Budismo, el único triunfo que cuenta, es el del hombre sobre si mismo. Si usted quiere la vida eterna en un paraíso de delicias, no busque el Budismo, pues él le matará el ego aquí y ahora. Si usted quiere masajear su ego con poder, fama, elogios u otras ventajas, no busque el Budismo. La casa de Buda no es la casa de la inflación de egos. Si usted quiere la protección divina, no busque el Budismo. Él le enseñará que usted solo puede contar consigo mismo. Si usted quiere un camino para Dios, no busque el Budismo. Él le lanzará al vacío. Si usted quiere alguien que le perdone sus faltas, dejándolo libre para errar de nuevo, no busque el Budismo, pues él le enseñará la implacable ley de Causa y Efecto, y la necesidad de una autocrítica consciente y profunda. Si usted quiere respuestas cómodas y fáciles para sus indagaciones existenciales, no busque el Budismo. Él le aumentará sus dudas. Si usted quiere una creencia ciega, no busque el Budismo. Él le enseñará a pensar con su propia cabeza. Si usted es de los que piensan que la verdad está en las escrituras, no busque el Budismo. Él le dirá que el papel es muy útil para limpiar la basura acumulada en el intelecto. Si usted quiere la verdad sobre los discos voladores o sobre la civilización de la Atlántida, no busque el Budismo. Él solo le revelará la verdad sobre usted mismo. Si usted quiere comunicarse con espíritus, no busque el Budismo. Él solo puede enseñarle a comunicarse con su verdadero yo. Si usted quiere conocer sus encarnaciones pasadas, no busque el Budismo. Él solo le puede mostrar su miseria presente. Si usted quiere conocer el futuro, no busque el Budismo. Él solo le va a mandar prestar atención a sus pies, mientras usted camina. Si usted quiere oír palabras bonitas, no busque el Budismo. Él solo tiene el silencio para ofrecer. Si usted quiere ser serio y austero, no busque el Budismo. Él le va a enseñar a saltar y a disfrutar. Si usted quiere saltar y divertirse, no busque el Budismo. Él le enseñará a ser serio y austero. Si usted quiere vivir, no busque el Budismo, pues él le enseñará a morir. Reverenda Yvonette Silva Goncalves.

Consumirnos por completo


Para no dejar ninguna huella, cuando se hace algo, hay que hacerlo con todo el cuerpo y con toda la mente. Hay que concentrarse en lo que se hace. Hay que realizarlo por completo, como una hoguera bien encendida. La hoguera ha de arder por completo. Cuando uno no se quema por completo, queda siempre huella de uno mismo en lo hecho. Quedan restos que no se han consumido. La actividad del Zen es la que acaba consumida por completo, sin que quede más que cenizas. Shunryu Suzuki.

lunes, 24 de agosto de 2015

La verdadera naturaleza de las cosas.


Suele decirse que la verdad o realidad no puede expresarse con palabras o transmitirse a través del lenguaje. Esta es, también, una de las creencias comunes en la tradición zen. Hay una frase que dice: " Sentir el frío y el calor por uno mismo" De manera que por más que alguien nos cuente como es la temperatura del agua, para no dejarse influir por las palabras, habrá que sumergirse y experimentarlo por uno mismo. Dentro de la tradición zen es importante entender las cosas por uno mismo a través de experiencias personales directas. Es importante que las personas experimenten de forma directa a través de los sentidos de la vista, el oído, el gusto y el tacto. Las palabras tienen una capacidad limitada para transmitir las experiencias directas. La tradición zen reivindica que es imposible explicar con palabras los sentimientos y los conocimientos igual que no es posible explicarse lo que hay en la mente ni que se siente al lograr el despertar. Por eso, se habla en "no confiar en las letras", "transmisión fuera de las escrituras" y "transmisión de corazón a corazón" (http://arbolzen.blogspot.com.ar/)

Todo va contigo.


El espíritu que encontramos en la cima de la montaña es el espíritu que llevábamos. (http://arbolzen.blogspot.com.ar/)